viernes, 13 de diciembre de 2013

Grasas saturadas ¿Ángel o demonio?



Se demonizó a las grasas saturadas a partir de que el Dr. Ancel Keys, allá por el 53, publicara un estudio que comparaba las tasas de mortalidad en diferentes países, relacionando la ingesta de grasas saturadas y las muertes por enfermedad cardiaca. Parecía que el Dr. estaba en lo cierto tras analizar 6 países, todo coincidía pero… al analizar otros 15 países entendieron que éste no era el factor causante de las muertes. En Finlandia la Tasa de Mortalidad por Enfermedad Cardiaca era más de 20 veces la de México (ambos con el mismo consumo de grasas saturadas) lo que demuestra el error del estudio.



Pasaron décadas y décadas y medio mundo pensó que lo mejor era suprimir las grasas de la dieta… y así se hizo. Comenzaron a surgir problemas derivados de esta carencia macronutritiva.

Antes de continuar escribiendo quiero dejaros un artículo que explica mucho mejor de lo que yo lo haría la realidad sobre las grasas y las enfermedades cardiacas: http://www.msnbc.msn.com/id/22116724

 
En 2002, otro iluminado comentó que las grasas saturadas no eran necesarias en nuestra dieta diaria y que lo mejor sería suprimirlas, volvimos a caer en el mismo error.

¿Y por qué nos tropezamos dos veces?

Porque creemos en estudios que no son veraces, no están bien hechos ni bien escritos pero nos da igual, plantean una hipótesis sin contrastar y creemos que es la verdad.
Es cierto que el tema grasas es muy complejo, nada más dentro de las grasas saturadas encontramos hasta 12 tipos diferentes (los más conocidos: ácido esteárico, palmítico y laúrico)
Sin ir más lejos, los dos últimos ácidos que he nombrado aumentan el colesterol, no os alarméis, aumentan las HDL más que las LDL por lo que realmente, la fracción de colesterol (HDL/LDL) mejora, reduciendo así el riesgo de enfermedades cardiacas.

¿Por qué son necesarias las grasas?

A partir de las grasas se forman las membranas celulares, las hormonas y muchas sustancias hormonales. Transportan vitaminas como K, E, D, A, además de colaborar en la absorción de minerales (y otros procesos biológicos).
Las grasas son útiles como agentes antivirales, antifúngicos, para bajar el colesterol (aunque no lo parezca) y hasta parece que para prevenir el cáncer (el ác. Butírico más concretamente)

La mayoría de estudios que “demuestran” la peligrosidad de las grasas saturadas no diferencian entre grasa saturada e hidrogenada (trans). La grasa trans reduce las HDL y aumenta las LDL por lo que la fracción lipoproteica se altera hacia el camino que no nos interesa. 

¿Por qué se usan estas grasas vegetales “parcialmente hidrogenadas”?

Porque es más barato que usar aceite de freir y además permite extender la fecha de caducidad del producto un poco más.

¿Cómo podemos evitar estas grasas hidrogenadas?

Siempre encontrarán forma de incluirlas disimuladamente para poder comercializarlo, incluso calificándolo de “saludable”. Se las nombra como “grasas vegetales” o “mono o diglicéridos de Ácidos Grasos”.

La leche materna contiene 8 tipos diferentes de grasas saturadas, por algo será. ¿No creéis?

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